Mis hijas de pequeñas eran muy presumidas. Eran las típicas niñas coquetas que opinaban sobre su ropa y tenían ideas propias. Si no les gustaba algo, no había forma de que se lo pusieran.
Como necesitaban ropa de trote para ir a la guardería, al colegio, para jugar en el parque y otras actividades de su día a día, estaba claro que necesitaban uno o mejor, varios chándals.
Busqué algo que pudiera gustarnos, a ellas y a mí, pero lo que encontraba en las tiendas no nos convencía. Eran prendas sin personalidad, muy parecidas unas a otras, en nuestra opinión, poco atractivas.
Y me pregunté: ¿por qué no hay chándals bonitos?
Mi cabeza empezó a funcionar a 1000 revoluciones, pensé que a otras mamás les podía estar pasando lo mismo y me puse en acción para diseñar otro estilo de chándals.
Primero busqué tejidos calentitos y suaves, luego creé mi propia paleta de colores, elegí entre mis diseños los más adecuados para bordar e ideé otros nuevos, tanto para niñas como para niños.
Me inspiré en las tendencias de la moda infantil en cuanto a colores y estilos, pero sin olvidar que mis chándals, para tener sentido, tenían que ser no sólo bonitos, sino también muy prácticos.
Y desde el principio aposté por materiales de mucha calidad, para aguantar los muchos lavados y el desgaste de un uso muy intensivo.
Al cabo de un tiempo, lanzamos nuestra primera colección de chándals para bebés, niñas y niños. Eran divertidos, con un toque de ternura y de magia. Eran diferentes y estilosos, no parecían chándals, pero ¡lo eran!
Mis hijas con chándals de una de las primeras colecciones